Wiki Media Leaks, nuevo enfoque sobre los cables filtrados

Hace unos días salió a la calle Wiki Media Leaks, el libro firmado por Martín Becerra y Sebastián Lacunza, cuyo subtítulo/bajada dice “la relación entre los medios y gobiernos de América latina bajo el prisma de los cables de Wikileaks”.

Así es. “Wiki Media Leaks” le suma un nuevo enfoque a los cables difundidos por la organización comandada por Assange: el cruce dado por la relación entre medios y gobiernos. Mientras esperamos tener tiempo para leerlos (en Ámbito se puede ver un pequeño extracto) le escribimos a Martín para saber cuál era el hallazgo que más lo sorprendió a la hora de llevar adelante el libro. La respuesta resultó muy interesante. Esto nos dijo:

Principalmente, que en la mayoría de los países latinoamericanos, en lo que refiere a la política sobre medios de comunicación y telecomunicaciones, la Embajada estadounidense tiene un rol moderado respecto de lo que algunos grandes empresarios locales exigen sobre sus gobiernos, que es la definición de posiciones más agresivas y defensoras de sus posiciones. En rigor, la diplomacia estadounidense según consta en los cables difundidos por WikiLeaks que nosotros analizamos con Sebastián Lacunza en el libro Wiki Media Leaks, defiende en primer lugar el interés comercial de las firmas de su propio país y subordina la participación en temas internos -a diferencia de lo que ocurría décadas atrás- a esta cuestión.

Un ejemplo claro, que el libro documenta, es la actitud contemplativa de la Embajada de EEUU en Argentina ante la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (conocida como Ley de Medios) en 2009: los diplomáticos norteamericanos se reunieron con Gabriel Mariotto, entonces interventor del COMFER, y una vez que lograron buenas condiciones para la continuidad de las señales de cable estadounidenses, se abstuvieron de acompañar la crítica intransigente de los grandes grupos de medios locales a la nueva regulación audiovisual.

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Cómo trabaja una redacción con los cables de Wikileaks

“Yo leí los cables”. Así empieza el post de Mirentxu Mariño (@mirenm), periodista de 20minutos.es, en el que cuenta cómo fue/es el paso a paso de la lectura de los telegramas filtrados por WikiLeaks.

Este es un extracto interesante, pero recomiendo leer el post completo (sobre todo teniendo en cuenta que 20minutos no fue uno de los medios elegidos por WikiLeaks):

 

En la redacción (que acoge a 20 minutos y 20minutos.es) nadie sabía nada. Tras la reunión mencionada, el equipo de soporte comenzó a preparar una sala a la que solo podría pasar gente autorizada. Era, con cariño, el ‘mini bunker’. Nosotros somos los que somos y no tenemos infraestructuras colosales, pero el protocolo sí podemos cumplirlo. Para entrar había dos llaves; en el interior, varios ordenadores con red independiente de la del resto de trabajadores. También una caja fuerte. La rutina era la siguiente: pedir la llave, entrar, cerrar; abrir la caja fuerte, sacar el material necesario; teclear la contraseña del sistema y empezar. La base de datos también tenía contraseña. La habitación no tenía teléfono, los ordenadores no admitían conexión a Internet -se nos habilitó una forma alternativa para poder navegar- ni un triste CD de música. Mi escritorio virtual mostraba apenas media decena de iconos; con lo que yo soy.

Nada podía salir de allí ni imprimirse. Todo lo utilizado, como cuadernos, documentación adicional, etc., debía quedar guardado en la caja. Otra contraseña más. Se hacía complicado a veces retener tantas combinaciones de cifras y letras en la cabeza, sobre todo porque iban cambiando según pasaban los días. Durante las dos primeras semanas de trabajo, además, no podíamos contarle a nadie qué estábamos haciendo cuatro personas encerradas en el habitáculo ni por qué nos habían semi apartado de nuestras funciones. Era divertido escuchar las teorías de los compañeros. Lo mejor de todo, sin embargo, era que todos lo llamaban, al ser secreto e inconfesable, “Wikileaks”. Se lo llegaron a preguntar a Arsenio en una de las reuniones de contenidos: “¿Nos vais a contar ya de qué va eso de Wikileaks?”; él pensó que alguien se había ido de la lengua. Pero no.

El acuerdo de un medio con WikiLeaks, paso a paso

El domingo Página/12 se convirtió en el primer medio argentino en tener acceso directo a los documentos y publicar material de WikiLeaks. Como era de esperar tuvo mucha repercusión (incluyendo algunas críticas). Al igual que le debe suceder a muchos periodistas del mundo me interesó mucho ver cómo se da la negociación para llegar a ser el medio elegido. Si bien no pude averiguar cómo hizo Página sí me encontré con una sorpresa colombiana.

Cuando @blejman compartió una nota de El Espectador de Colombia en la que Fidel Cano Correa cuenta todo el backstage de la negociación no pude dejar de leerlo. Este es un breve párrafo:

El contrato tiene tres páginas en tamaño oficio. Las reglas son sencillas pero precisas. El Espectador se compromete a borrar los nombres de cualquier persona que juzguemos que corre peligro de muerte o que puede ser objeto de un juicio sin garantías. Cualquier edición debe ser reemplazada por 12 equis mayúsculas, ni una más ni una menos. Wikileaks se reserva el derecho a revelar esa información si considera que hubo razones diferentes a las dos citadas para borrarla. El Espectador se compromete a no compartir con nadie la información y a trabajarla con personal de máxima confianza, en un computador que no tenga conexión a internet y que quede bajo llave cuando no se esté trabajando en él. Cualquier información que utilicemos debe ser alimentada en la página de Wikileaks…

Pic | El Espectador